P, Tercer Ojo, Paula Navarro
La fotografía de Paula Navarro nos hace recorrer la vida de la ciudad.
En las imágenes de la calle, - su escenario-, lo más importante no son los lugares mismos, los sitios emblemáticos ni turísticos, sino la gente, las personas en su devenir diario: hombres, mujeres, niños, niñas, amantes, transeúntes, viejos o jóvenes, detenidos y absortos o de paso por las veredas que conforman el ajetreo constante de la urbe.
Paula fotografía asiduamente la vida de la calle desde que comenzó a estudiar fotografía en Alpes, Escuela de Imagen y Comunicación, donde la maestra Marcela Barahona nos hizo elegir un lugar y quedarnos ahí observando todo y fotografiando aquello que llamara nuestra atención… Yo elegí el Paseo Ahumada con calle Nueva York, nos cuenta Paula, recordando sus primeros recorridos fotográficos con una pequeña camarita digital.
Tal vez en esos primeros ejercicios, tímidos y deslumbrantes a la vez, aparecen las primeras señas de la orfandad de Paula, vivida desde muy pequeña. No podemos saberlo, pero intuimos la ausencia del padre, al que ella quisiera quizás encontrar sin darse cuenta… Las calles de la ciudad, el tumulto, invitan a buscar, a encontrar personas y personajes que de otro modo no conoceríamos. La calle incita también a perderse, a deambular y dejarse llevar sin rumbo, a través de rostros, presencias y actitudes en las que tal vez se refleja ese padre que nunca conocimos y del cual nos contaron tantas cosas que finalmente nunca fueron... Esa presencia que puede aparecer por azar a la vuelta de la esquina en una camisa blanca colgada de un árbol. Esas calles donde imaginamos más de alguna vez encontrar el amor, donde descubrimos el amor de otros: abrazos y besos de otros que nos apropiamos capturándolos en la gelatina de plata o en la tarjeta de memoria…. La calle se transforma entonces en la metáfora misma de la vida: es la vía de la que surgen imágenes que nos transportan hacia la esencia de diferentes mundos humanos que conviven en un mismo lugar, al mismo tiempo que nos hacen crecer en nuestra propia vida y conforman la visualidad de nuestra época.
Pero no es sólo la street photography aquello que interesa a Paula Navarro, @fotografacaminante, no es sólo documentar o reportar el mundo, sino encontrar en el entorno público, algo de la intimidad que ofrece la condición humana, algo del fondo de la huella de nuestra existencia, ese meollo que se cuela en las diferentes actitudes que adoptamos cuando pensamos que nadie nos ve, incluso en plena vía pública. Sus vidas son la mía, solo cambia el escenario. La esencia es la misma, sus anhelos transitan por mis días, nos dice la autora refiriéndose a los sujetos que captura con su lente. La calle es entonces el lugar donde ella se identifica con el otro, los otros, donde encuentra una pertenencia común, un arraigo, y en cierto modo un alero y un cariño.
La fotógrafa se acerca a los sujetos con una actitud amistosa, dialogante, abierta. A veces les pide permiso para retratarlos. Otras veces, prefiere caminar y observar, tomar la foto sin que nadie se entere de su presencia. Preocupada siempre de una actitud ética frente a las personas que encuentra y fotografía, quiere ser lo más honesta posible. Al final lo que le interesa es poder captar con el corazón lo esencial de un actitud, de un gesto, una sonrisa, una mirada. Realizar retratos en los lugares de trabajo, en el metro, en la micro, en la plaza pública, en el escenario tal cual, sin una puesta en escena predeterminada. Siguiendo la tradición vernácula de los fotógrafos como Cartier Bresson, Willy Ronis y otros de nuestro propio país, como Quintana, Larraín, Lola Falcon, o Julia Toro, la fotógrafa nos conecta con lo común de la vida cotidiana que muchas veces no nos detenemos a mirar, pero que constituye nuestra manera de ser, nuestra peculiaridad, el sello nacional de nuestra convivencia en la calle, en la ciudad. ( Leonora Vicuña)