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LB, Sublimación - Carolina Candia Antich

$ 20.000

Sublimación se construye a partir de buscar métrica en un poema visual compuesto por fragmentos fotográficos de imaginarios relacionados al estado de despersonalización, hurgando en sucesos vividos como si fuesen fenómenos orgánicos. Reinterpretando una vida para presentar una ficción, se sostiene a través de volver tangibles las percepciones de un espacio mental intermitente, con escaladas y caídas, proponiendo como analogía al fenómeno de sublimación del agua como origen de sus cuestionamientos, donde lo que suponemos real no termina de ser codificado sino a partir de reinterpretar una búsqueda de sentido que culmina en cristalizar y observar la imagen. Este espacio deriva entonces hacia la observación del entorno y al agua como punto fijo, buscando reflejar así la composición humana. La capacidad de pasar de un estado a otro y la inexistencia del estado líquido al momento de sublimar, detona en el centro de este relato. Este flujo se propone como la imagen resultante descompuesta en innumerables fragmentos de luz, permitiendo que su análisis posterior narre lo vivido y dando algo de sentido a una realidad que muchas veces se puede ver alterada. Así, cuando la imagen en su estado líquido tampoco existe, se des-realiza en un bucle imparable.

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No puedo sostenerme sola enterrada de raíz en la tierra, con los aromos recordándome la contención y el calor de haber estado protegida en un útero, antes de buscar incansablemente que cualquiera dispare -la cámara o el arma-, sublime y sin permanencia. La fotografía me yergue liminal, me sostiene Sublimación se construye a partir de buscar métrica en un poema visual compuesto por fragmentos fotográficos de imaginarios relacionados al estado de despersonalización, hurgando en sucesos vividos como si fuesen fenómenos orgánicos. Reinterpretando una vida para presentar una ficción, se sostiene a través de volver tangibles las percepciones de un espacio mental intermitente, con escaladas y caídas, proponiendo como analogía al fenómeno de sublimación del agua como origen de sus cuestionamientos, donde lo que suponemos real no termina de ser codificado sino a partir de reinterpretar una búsqueda de sentido que culmina en cristalizar y observar la imagen. Este espacio deriva entonces hacia la observación del entorno y al agua como punto fijo, buscando reflejar así la composición humana. La capacidad de pasar de un estado a otro y la inexistencia del estado líquido al momento de sublimar, detona en el centro de este relato. Este flujo se propone como la imagen resultante descompuesta en innumerables fragmentos de luz, permitiendo que su análisis posterior narre lo vivido y dando algo de sentido a una realidad que muchas veces se puede ver alterada. Así, cuando la imagen en su estado líquido tampoco existe, se des-realiza en un bucle imparable. A su vez, el concepto sublimación desde el psicoanálisis se presenta como un mecanismo de defensa, que permite a las personas transformar sus impulsos sexuales y agresivos, derivando en un fin socialmente aceptado -como el arte-. Es entonces, que a partir del proceso creativo y la producción de obra se subliman pulsiones en una espacio de liberación constructiva, evitando estados de autodestrucción y represión psíquica. El estado de desolación permanente como sensación basal en este relato, se observa desde el sujeto que se hunde en espacios vacíos, habitado por ruinas imaginarias, incapaz de racionalizar la seguidilla de sucesos que generan la posterior despersonalización. Subyugando a lo anterior, observar la sublimación como fenómeno físico es ahora utilizado como salida poética, intentando dar consuelo a esta acción y su reinterpretación como medio de resistencia. Esta búsqueda insistente de símbolos, deriva en la violencia intrínseca que se engendra en el cuerpo y su entorno. Es entonces cuando en este imaginario todo lo anterior ocurre, y el denso hielo seco se convierte en vapor, obviando el paso intermedio de la liquidez al convertirse en fotografía. Con la capacidad de volverse espacio inexistente, podemos mirar y re-observar para entender. Aún dando cabida a este testigo que re-codifica el paso, el trance; el cambio y su forma. Cualquier espacio mental vacío de un pasado y la espera de futuros posibles, se vuelve imagen. La carne destrozándose en un segundo o el suelo convirtiendose en un denso lienzo de óleo negro. El cuerpo en un constante estado de espera, la inminente sensación de catástrofe y la vívida nostalgia del paso de los días atrapados en cuerpos de agua, rodeados de seres que nos ayudan a volver a lo que llamamos realidad; busca la lucidez y el centro para vivir la imagen como único foco de referencia, susurrando lo que se evita escuchar, justo antes de disparar una cámara o un arma. La fotografía nos narra una nueva historia con amor y mentiras, como un padre en quien no se puede confiar, pero que nos vuelve resistente al no apretar el gatillo. El recuerdo de esas imágenes que despertaron un día con la luz del amanecer y las gotas moviéndose en las ventanas; el humo, el amor, el silencio y la luz cianótica de los días aguados.

Características

Tapa dura, guarda en hilado, 64 páginas en hilado 140grs, lomo a la vista.